¿QUIÉN DIJO MIEDO?

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En el artículo anterior vimos que cuando se producen cambios en nuestra vida pasamos por diferentes fases, que son necesarias, pero que también nos pueden “atrapar”. Nos quedamos en que para no quedar atrapados en la “cárcel” de la ira, era necesario tomar la decisión de cómo afrontar el futuro: como “víctima de tu destino” o como “protagonista de tu vida”. Es una decisión difícil, pero necesaria para avanzar.

Avanzar, ¿hacia dónde? Hacia la fase del miedo.

Si. Porque cuando tomamos conciencia de que vamos a tener que asumir responsabilidades, es lógico que aparezca el miedo. Y los fantasmas de fracasos anteriores…

Se tambalea nuestra autoestima y nos volvemos inseguros. Cualquier pedrusco parece una montaña difícil de escalar, por eso nos paralizamos.

Cuando esto ocurre, deben de saltar todas las alarmas porque no estamos gestionando bien el miedo y podemos ir a la deriva sin control alguno: podemos paralizarnos o comportarnos de forma imprudente.

Sin embargo, el miedo es una emoción imprescindible para nuestra supervivencia: nos sirve de aviso.  Entonces, ¿qué podemos hacer? La clave está en el equilibrio: No debemos obsesionarnos con ello, pero tampoco ignorarlo.

Imaginemos el panel de mandos de un coche, tiene indicadores que se encienden para avisarnos de algún peligro. No sería lógico conducir preocupados y mirando continuamente al cuadro de mandos (paralizados), y sería una imprudencia ignorar que se ha encendido una luz roja de emergencia.

¿Cuál sería una buena gestión? Buscar el equilibrio: La prudencia. Tomar todas las precauciones necesarias haciendo una buena revisión, pero ante un aviso, enfrentarnos al mismo, identificar el fallo y actuar en consecuencia.


¿Cómo superar el miedo?

1. Evita la paralización y las imprudencias


Ø Identifica y analiza tus miedos, piensa con lógica: La mayoría son irracionales y más del 85%  seguramente no llegarán a ocurrir.  

Ø Descártalos de tu mente, quítales importancia. Evitarán la buena gestión de tu talento y te robarán la felicidad.

Ø Busca apoyos. El trabajo en equipo y el apoyo social te darán la seguridad  necesaria para supera cualquier miedo.


2. Se compasivo contigo mismo


Ø Conecta con tu sufrimiento y date el apoyo que crees que darías a otra persona en una situación similar.

Ø Se firme, pero nunca duro contigo mismo.


3. Identifica de qué te avisan tus miedos


Ø El miedo es bueno y necesario, siempre supone un aviso. Escúchalo porque te dará información muy valiosa.

Ø Siente el miedo, préstale atención e identifica “qué te hace sentir inseguro y  por qué”.

Ø Analiza el origen de esas inseguridades y trabájalas como un área de mejora: ¿qué puedes aprender de esa situación?



No ignores o reprimas tus miedos porque te harán perder el control. Recuerda que “lo que se resiste persiste, lo que se acepta se supera y desvanece”.


La próxima semana veremos cómo transitar por la siguiente fase, cuando nos enfrentamos con la tristeza…



Montse Martínez. Formadora y Máster en Psicoterapia e Inteligencia Emocional.

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EDITORIAL SEMANAL

Fran
POR
Fran Álvarez,
 10 oct

No nos dejemos engañar por discursos paternalistas que saben, desde su sillón en la ciudad, lo que queremos. Que nadie nos haga apartar el foco de que todavía no tenemos buena conexión a Internet, de que los transportes que nos unen son un desastre, de que los servicios que nos ofrecen cada día están peor y se agrandan las desigualdades con los entornos urbanos (leer más)

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