LOS SANTOS INOCENTES

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El día de hoy, 28 de diciembre, debería celebrarse el día de la España Vaciada, esa en la que no hay oportunidades, en la que nunca pasa nada. Esa España condenada a morirse sin soluciones junto a sus últimos habitantes, esos que están tan contentos de vivir en el pueblo con sus huertos, boinas y delantales como si jamás fueran a cambiar de siglo y que tampoco quieren que nada cambie. Aquellos que siguen creyendo en el cuento de la España Vaciada deberían celebrar este día para que pudiéramos diferenciar entre el Día del orgullo rural o de la España de las Oportunidades, y todo lo demás que nos venden desde las ciudades para que no levantemos cabeza jamás. El día de los Santos Inocentes debería ser, en honor a la película de Alfredo Landa y de un magistral Paco Rabal, un día marcado para los habitantes del mundo rural, para que nunca más nos engañen con cantos de sirena y para que no volvamos a permitir que nos roben en nuestras narices las oportunidades a cambio de unas migajas de... nada.


Porque de verdad que parece una broma que permitamos que planifiquen y proyecten en nuestra zona acciones que no nos dejan más que la destrucción de nuestras opciones de desarrollo utilizando nuestro patrimonio. Nos llenan los montes de molinos de viento y placas solares que se llevan la energía a otros lugares. Vacían nuestros pantanos para producir electricidad barata cuando más cara está, aunque haya sequía. Y si hace falta, utilizan térmica, gas, o cualquier cosa que emita el CO2 que haga falta aunque nos vendan energía limpia y sostenibilidad, total, qué más da mientras se produzca electricidad de la forma más barata, para vendérnosla después al máximo precio que podamos pagar. La magia de la electricidad... o de la empresa privada que maneja un servicio de primera necesidad. "Milana Bonita", escuchan mientras se reparten su jugoso dividendo anual.


Luego está el tema de la alimentación, esa que viaja de un lado a otro como loca, en camión, en barco, en tren, como si fuera Willy Fog, incrementando eso sí su valor para que la compremos mil veces más cara cuando llega al expositor, llenando los bolsillos, no del agricultor ni del transportista, sino de un especulador... Mientras tanto, las consecuencias en forma de contaminación y encarecimiento de precios para nosotros, y el beneficio, para el "señorito", pero nos quedamos tan contentos en nuestro sofá con nuestro smartphone de última generación que estamos pagando a plazos, que es muy bonito. El progreso es lo mejor... "Milana bonita", escucho en mi conciencia yo.


Y también nos hablan de igualdad de oportunidades, cuando tenemos un montón de zonas rurales sin cobertura de móvil o sin conectividad a Internet. Nos hablan de apuesta por el medio rural y nos alejan la formación, nos dificultan el transporte público, nos quitan médicos, el ocio cultural desaparece de nuestro mundo, ahogan a los agricultores y ganaderos, impiden y acallan cualquier otra iniciativa que no sea la de acabar siendo un asilo o un granero. Y no paran de decirnos, por todos los medios, que en el pueblo se quedan los viejos y los 'malditos', y que los jóvenes estamos condenados al destierro. Ni una sola ayuda, ni un incentivo real al emprendimiento rural. Ni una sola discriminación positiva que mitigue la desventaja con la que partimos en el pueblo para poder trabajar, crear y potenciar el talento. Ni una sola iniciativa que venga de verdad a luchar contra la despoblación, pero se llenan la boca de que un equilibrio más sostenible entre pueblo y ciudad haría un país mejor. "Milana bonita", escuchan en sus escaños los diputados y senadores cuando nos dicen, mirando a nuestros ojos, que trabajan para mejorar nuestras opciones de desarrollo.


Por estas y otras mil razones, cada vez que analizo 'la película' del mundo rural, me parece estar viendo una y otra vez 'Los Santos Inocentes'. Nos veo como a Paco Rabal con su 'Milana' adiestrada, como entrenado está el carácter de esos sirvientes rurales para que aguanten el maltrato constante del señorito, llegando a pensar, incluso, que es lo que tienen merecido por ser inferiores, más tontos, más feos, menos importantes... Es lo que históricamente se ha conseguido hacer del pueblo, que tengamos esa imagen de pobres, desahuciados y hasta de pusilánimes, no solo hacia el exterior, sino de nosotros mismos. Que el talento se marche corriendo al otro bando y que lo "nuestro" se quede sin nadie que lo defienda, para que así "ellos" puedan aprovecharlo sin oposición y a precio de saldo. Ya va siendo hora de que nos quitemos el 'sambenito' de inocentes y empecemos a reclamar lo que merecemos, que no es otra cosa que poder decidir por nosotros mismos que queremos vivir en nuestro pueblo, sin que eso signifique cortar las alas a nuestros sueños.



Feliz Día de los Santos Inocentes, altojaloneras y altojaloneros.

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