"EL HECHO DE SER MUJER, COMO EN CUALQUIER ÁMBITO PROFESIONAL, DIFICULTA EL AVANCE EN LA CARRERA"

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Bajo el lema “No more Mathildas”, se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, con el objetivo de visibilizar el papel de éstas en el desarrollo científico. En esta ocasión, conversamos con Nieves Martínez Abadías sobre su trabajo y su experiencia como investigadora.


P- Hola Nieves, cuéntanos cuál es tu vinculación con el Alto Jalón

R- Yo nací en Lleida, trabajo en Barcelona, pero desde siempre me he sentido también hija de Ariza porque mi padre, Ángel Martínez, que es de la familia de los panaderos de Ariza, desde muy pequeña me transmitió ese amor por su pueblo. Los mejores recuerdos de mi infancia y mi adolescencia los tengo en Ariza, porque allí pasaba todas las vacaciones de verano, Navidades y Semana Santa y es un amor que también les intento trasladar a mis hijas. Es una alegría para mí que tanto ellas como mi marido disfruten mucho de ir a Ariza todas las vacaciones y eso me permite a mí también seguir gozando de mi pueblo.

P- ¿Cuál es tu ámbito de trabajo?

R- Soy doctora en biología y profesora de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona. Mi ámbito de trabajo es la Antropología Biológica, que es una disciplina científica que se dedica al estudio de las poblaciones humanas. Así, partiendo de marcadores biológicos que pueden ser marcadores morfológicos, como la forma del cráneo, de la cara o de los diferentes huesos del esqueleto, o marcadores genéticos o demográficos, como los patrones de natalidad, fertilidad o mortalidad de las poblaciones humanas, nuestro objetivo es intentar estudiar y entender las variaciones de estas poblaciones, tanto en el presente como en el pasado, y así estudiar y entender la evolución de la especie humana.

P- ¿A qué te dedicas actualmente?

R- Trabajo en proyectos en el que analizamos la variación morfológica que está asociada a patologías como, por ejemplo, el síndrome de Down. Las personas que tienen este síndrome tienen una cromosomopatía, un cromosoma extra 21, lo que conlleva un déficit cognitivo y una serie de malformaciones a nivel esquelético y relacionadas también con el cráneo y la forma de la cara. Yo estoy interesada en estas malformaciones y en ver si hay tratamientos que puedan modular el desarrollo de las personas con síndrome de Down, para minimizar esas malformaciones. De igual modo, también trabajo con otras condiciones médicas, como el síndrome de Apert, el síndrome de Crouzon...

P- ¿Qué aplicaciones prácticas tienen tus investigaciones?

R- Pues mira, ahora tenemos un proyecto muy interesante asociando el síndrome de Down con la aparición prematura de la demencia y el Alzheimer, que es uno de los principales problemas clínicos a los que se enfrenta la población con síndrome de Down. Debido a una mejora en su calidad de vida, ahora viven hasta edades más avanzadas que en el pasado, pero cuando llegan a una edad en torno a los 50 o 60 años, lamentablemente van a desarrollar Alzheimer, porque en el cromosoma 21 está el gen App, que es responsable de la aparición de esta enfermedad y espero que mi investigación sirva para mejorar la calidad de vida de estas personas.

En general, me interesa cómo se integra el desarrollo de la cara y el cerebro en las poblaciones humanas y cómo en muchas patologías, cuando vemos un mal desarrollo del cerebro, hay asociadas malformaciones de la cara, y cómo, a través de ese biomarcador, podemos también mejorar el diagnóstico y el pronóstico de enfermedades de neurodesarrollo como también, por ejemplo, la esquizofrenia, el trastorno bipolar, etc., que son trastornos psiquiátricos que son muy limitantes.

P- Nieves, ¿qué supone dedicarse a la investigación en España?

R- Dedicarse a la investigación científica precisa de mucha motivación, creatividad, capacidad de trabajo y también, muy importante: resiliencia. Sobre todo, si desarrollas tu carrera en España, porque lamentablemente no hay muchos recursos destinados a la ciencia y esto dificulta todavía más, una carrera que ya es de por sí difícil. La resiliencia es muy importante, porque desde el momento que empiezas, tienes que asumir y ser muy consciente de que tu carrera va a estar llena de fracasos y tienes que estar preparada para afrontar esos fracasos y recomponerte y seguir tirando adelante, así que además de resiliente, tienes que ser muy tozuda.

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La carrera científica, sobre todo al inicio, representa una gran inestabilidad, situaciones laborales muy precarias. Me explico: tú haces una carrera científica, terminas a los 22 años y la media de estabilización en España es de 40 años. Eso quiere decir que te pasas 18 años en una situación muy precaria y totalmente inestable, con mucha incertidumbre. Cuando acabas la carrera, empiezas a hacer la tesis doctoral y al terminar, si ha ido bien, continúas con estudios postdoctorales, y luego ya enganchas con diferentes trabajos de asociado a tiempo parcial. Eso quiere decir, que estás 18 años de tu vida recibiendo un salario muy bajo para una alta cualificación, el salario de un doctorando está sobre los 1.000€ y eso se alarga durante muchísimos años y además con la incertidumbre de que no puedes hacer planes más allá de uno, dos o tres años, porque las becas tienen esa duración, siempre estás pendiente de si va a volver a salir una beca. Y todo eso en un mundo muy competitivo, en el que hay mucha gente muy potente y muy válida, con currículum muy fuerte y con pocas oportunidades y hay una competencia brutal. Esto crea mucha angustia y mucha ansiedad, y si no eres resiliente, si no estás preparado, esto puede ser muy duro, porque, además implica que tienes que dejar tu casa, que tengas que viajar al extranjero... y eso es una oportunidad fantástica y muy enriquecedora si te gusta viajar y estás dispuesto a hacerlo, si no, puede ser una experiencia dura que no todo el mundo está dispuesto a hacer.

P- ¿Compensa todo el trabajo que conlleva?

R- Por supuesto. Todos estos sacrificios valen la pena si tú estás motivado, si te gusta y tienes pasión por la ciencia porque recompensa todo, y si tú vas trabajando y realizando todos los pasos, a pesar de todas las dificultades pues muchas veces, sale bien. Yo a los 40 años al fin conseguí una plaza de profesora en la Universidad de Barcelona y esto me ha dado una calma increíble, porque ya sé que no tengo que sufrir año tras año pensando en mi salario. Esto me permite vivir con tranquilidad e ir sacando mis proyectos adelante e intento captar estudiantes y ayudarles a que este tránsito sea lo más agradable posible.

La carrera científica también es complicada porque es una lucha contra ti misma, porque a veces te preguntas si es necesario pasar por todo esto, hay momentos realmente difíciles. A veces es una lucha también contra tu entorno, porque la gente no entiende lo que haces, y te transmite una sensación de que estás “mal aprovechado”, de que estás perdiendo el tiempo. A mí siempre me preguntaban “Y tú, Nieves, ¿qué haces?”, o “pero entonces... ¿todavía no tienes un trabajo? ¿todavía estás con becas?” Y a lo mejor yo tenía 38 años, y esto también es difícil de asimilar. Es muy importante rodearte de gente que crea en ti y que te anime y que te ayude, incluso económicamente, durante este viaje, porque también la verdad es que conforme más avanzas en la carrera, si no consigues estabilizarte, el futuro es peliagudo, porque acabas siendo una persona superespecializada en un tema y que depende del tipo de investigación que hagas no tiene una aplicación en la industria o en las empresas y ahí es muy difícil encontrar luego un trabajo que te guste. Yo me siento muy afortunada de poder hacer lo que me gusta, poder estar preparando mis clases, haciendo mis investigaciones, y dedicando las horas a cosas que me apasionan y me llenan. Esa es la recompensa.

P- ¿Crees que el género condiciona la carrera de las mujeres en la ciencia y la investigación?

R- El hecho de ser mujer, como en cualquier ámbito profesional, dificulta el avance en la carrera. Hay muchos estudios que muestran que se considera que las mujeres son menos competentes que el hombre y que las mujeres tienen que demostrar que son mucho mejores que los hombres para ser seleccionadas como candidatas en proyectos o en posiciones en institutos de investigación, etc.

Parecería que, en la ciencia, que es un mundo objetivo y sistemático, no debería de existir este sesgo, pero la verdad es que los sesgos de género, tanto implícitos como explícitos, están presentes en la Universidad. Todos los años desde el CSIC, hacen un estudio del porcentaje de mujeres que existen en comparación con el de hombres en la carrera científica, y vemos que, en los primeros estadios, a nivel de carrera o de doctorandos, hay más mujeres que hombres, en un porcentaje de 55-60%, y se observa muy claramente,  y se repite año tras año, un efecto tijera, en el que a medida que se avanza en la carrera científica disminuye el porcentaje de mujeres.

Cuando vemos las categorías de altos cargos, vemos que sólo un 20% está ocupado por mujeres. El mundo científico está diseñado y liderado por hombres y a las mujeres nos cuesta mucho llegar hasta ahí.

También tenemos el factor familiar porque en el momento crítico en la carrera que es pasar de un estadio postdoctoral a un puesto de investigadora, suele coincidir con el proceso de la maternidad. Van mejorando las condiciones, y hay proyectos que tienen en cuenta este parón que te obliga tu biología como mujer, y te dan una cierta compensación si decides tener hijos, pero hay otros que no, y esto ha quedado muy evidenciado en esta situación de la pandemia, que ha impactado muy negativamente en las carreras de las mujeres, porque en este caso han sido las que han absorbido la mayor parte de la carga del trabajo doméstico y de cuidado de niños. La consecuencia es que, durante este periodo, se han presentado muchas menos mujeres a becas de proyectos, y ha disminuido muchísimo el número de artículos científicos enviados por mujeres. Esto es alarmante y requiere de nuevas soluciones.

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Hay que ser conscientes de que el talento de la especie humana está repartido al 50% entre hombres y mujeres, si al final de la carrera científica sólo llega el 20% de este talento, es una pérdida para la sociedad. Además, la ciencia se está empobreciendo con esta situación, ya que la diversidad de la composición de los grupos de investigación, fomenta la creatividad y repercute en un mayor progreso de la ciencia.

P- El hecho de crecer en un pueblo, tu relación con el mundo rural, ¿ha influido en tu carrera?

R- Sí, porque me permite ser consciente de otras realidades para entender la evolución como especie y nuestra diversidad en las poblaciones actuales. Nuestro origen como especie humana, por ejemplo: al principio éramos poblaciones de cazadores-recolectores, que luego en el Neolítico se sedentarizaron y se dedicaron a la agricultura, a la ganadería y luego posteriormente hubo un proceso de industrialización. La perspectiva como antropóloga, me hace ver las diferentes estrategias de subsistencia de las poblaciones humanas y las dinámicas que se crean a nivel también demográfico y que influyen en nuestra población.

En estos momentos sigo con interés todo el proceso de migración de poblaciones, la inmigración que recibimos. Por ejemplo, en Ariza lo veo mucho más que en Barcelona, cómo han venido muchas personas y familias, sobre todo Marruecos y me preocupa mucho ver el efecto que esta inmigración tiene y los problemas de integración que hay en la población, porque como antropóloga, y desde el conocimiento profundo de la variación de las poblaciones humanas, está plenamente demostrado que las razas no existen. Hay diferencias entre poblaciones, pero las razas no existen. El problema es que el racismo sí existe y yo me siento con esta obligación moral también de divulgar mi conocimiento para demostrar que es necesaria esta integración, que el mestizaje es uno de los principales mecanismos que ha habido en la evolución humana y que esto es enriquecedor. Gracias a esta inmigración se mantienen las dinámicas de población humana y continuamos evolucionando y esto creo que es muy importante.

P- ¿Crees que tu trabajo podría realizarse en el entorno rural?

R- La pandemia ha demostrado que muchos trabajos se pueden desarrollar virtualmente. Ahora, por ejemplo, casi todas las clases que damos en la Universidad son on-line. También podría hacer la parte de investigación que no necesita laboratorio, en la que utilizo sobre todo imágenes y datos que tengo en el ordenador. De hecho, en verano yo me siento en la terraza del Molino, que es donde vivo en Ariza y ahí paso muchas horas concentrada y desarrollando mis proyectos.

P- ¿Crees que las niñas tienen actualmente suficientes referentes femeninos en todos los ámbitos laborales?

R- Respecto a la motivación de las niñas por hacer una carrera científica, creo que es muy importante animarlas a que se interesen por la ciencia. Es necesario romper los estereotipos, porque a partir de los 8 o 10 años, las niñas cambian su propia autopercepción y comienzan a sentirse inferiores respecto a sus iguales masculinos. Es fundamental actuar a esta edad para evitar este cambio de perspectiva, porque hasta esa edad ellas se veían perfectamente comparables con los niños. Lo que parece ser que cambia, es que las niñas adoptan los estereotipos de la sociedad, por lo que es importante actuar con los niños y niñas, pero también con los adultos y hacer mucho trabajo de divulgación para romper estos estereotipos.

A mí me impresionó mucho un estudio del CSIC que indicaba que el principal obstáculo para que las niñas quieran hacer una carrera científica eran sus propias familias, que cuando las chicas mostraban interés por hacer una carrera científica, les decían que mejor que se dedicaran a otra cosa porque eso “era muy difícil”. En los últimos años ha mejorado mucho esta situación y por suerte y se están organizando muchas campañas como esta de “No more Mathildas” en el que se está intentando dar relevancia al papel de las mujeres como científicas.

Ayer mi hija me decía que les habían repartido unas fichas sobre investigadoras importantes a nivel español y salía una colega mía y ella dijo “pero si es Mara, es amiga de mi madre”. Esto es fundamental, que tanto niños como niñas reconozcan a mujeres científicas y sean conscientes del papel importante de las mujeres en la ciencia y que poco a poco las niñas se sientan empoderadas y rompiendo ese estereotipo de que ellas son malas en ciencias por definición, y que también los niños lo reconozcan y que no continúen perpetuando esos roles tradicionales y sean capaces de respetar y admirar el trabajo de sus compañeras.

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Fran
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Fran Álvarez,
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