"HICIMOS COINCIDIR TRAER LA MIKADO CON LA MATANZA Y FUE TODO UN ÉXITO"

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Alfredo Andrés y Eleuterio Bueno explicando el funcionamiento de la máquina de vapor. Foto: Redacción.


Lorenzo del Molino, José Luis García y Fernando Bueno vivieron el último viaje de La Mikado de Arcos de Jalón. La tradición ferroviaria de este pueblo queda patente nada más entrar a Arcos de Jalón desde la autovía: La Mikado te recibe imponente. Desgraciadamente, no podemos tener testimonio de ninguno de esos valientes. Hicieron su último viaje en máquina de vapor con La Mikado, hacia su pueblo ferroviario que tanto amaron, y con el tiempo nos dejaron, pero instalaron el mejor recuerdo que podemos quedarnos de ellos. -"Fernando Bueno se pasaba los días enteros arreglando la máquina para dejarla bonita"-, nos relata Alfredo Andrés, quien fuera alcalde del pueblo e impulsor de este proyecto.

-"Un día hablando con Rafael Ruiz Sanchidrián, que era director del Museo Ferroviario, le propuse traerla"- explica Alfredo Andrés. -"Mi hermano llevó esta misma máquina cuando era maquinista y cuando Alfredo propuso traerla se puso como loco. Después daba miedo verle subirse a la máquina"-, nos dice Eleuterio Bueno, que también nos acompaña en este viaje en el tiempo que hacemos hoy con ellos. Alfredo añade: -"No dormía aquí en la máquina de milagro"-. Y la ilusión y el trabajo, al que estos ferroviarios estaban acostumbrados después de una vida al servicio del tren, hizo que en febrero de 1998 llegase La Mikado a Arcos de Jalón. Como relata Alfredo, -"lo hicimos coincidir con la matanza popular y fue todo un éxito"-.

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La Matanza Popular de Arcos de Jalón en 1998 cuando llegó La Mikado a la localidad. Foto: Archivo Alfredo Andrés


El viaje de Madrid a Arcos de Jalón aquella mañana de invierno recordó a los tres ferroviarios sus tiempos jóvenes. Eleuterio, 'el Lute' como todo el mundo lo conoce en el pueblo, nos explica que -"tuvimos que cortar con un soplete las bielas para que pudiera ser remolcada. Durante el viaje mi hermano tenía que ir poniendo aceite para engrasar los ejes y que pudiera ir marchando, como en sus tiempos de maquinista"-. En aquellos tiempos -"pasaban una semana fuera con su máquina, porque era suya, que nadie se la tocase a un maquinista. Los descansos los pasaban en el taller limpiándola y cuidándola. Se llevaban unos atillos con la ropa para todos los días y se subían a la máquina con su pañuelo azul al cuello. Ahora ser maquinista es mejor que ser un camionero"-, nos explica Alfredo.

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De izquierda a derecha, José Luis García, Lorenzo del Molino, Fernando Bueno y Alfredo Andrés.


Rodeamos la máquina con los dos, mientras nos explican su funcionamiento. -"Mira, este inyector nos lo cambiaron para una máquina que sí funciona en Vilanova i la Geltrú y nos pusieron el que tenían ellos"-, comenta Alfredo. -"No sabes la de visitas que tiene"-, nos dice Lute añadiendo que -"este pueblo es ferroviario, aquí había unos talleres, el depósito de agua, calderas para llevar el agua a las grúas..."-. Alfredo, mientras miramos el panoramá de chalets, pisos y pista de pádel donde antes había trabajo, ruido y obreros, nos cuenta que -"había 800 ferroviarios en el pueblo, si había hasta una fábrica de fideos, me acuerdo que se quemó estando una noche en el cine"-, -"lo apagamos con una cadena de personas y cubos"- añade 'el Lute'.

-"Este pueblo es muy tranquilazo y nadie se preocupa de hacer industria ni nada de nada. Ahora la gente es muy cómoda"- comenta Eleuterio. -"Da mucha pena ver ahora el pueblo habiendo sido como ha sido. Este pueblo se durmió en los laureles creyendo todo el mundo que la RENFE no se iba a ir nunca de aquí. Nosotros, aunque ya estamos amortizados por la sociedad, todavía tenemos ganas de hacer cosas, pero las fuerzas ya no acompañan"-, nos comenta Alfredo, al que se le quedó una espinita clavada cuando trajeron La Mikado al pueblo. -"Quisimos traer los vagones del primer Talgo que circuló y haber hecho un restaurante dentro de ellos, pero ya salimos del ayuntamiento, que entonces éramos todos ferroviarios, y ya no se hizo"-.

Nos despedimos de Eleuterio y Alfredo entre anécdotas de ferroviarios:

- "¿Alfredo, te acuerdas cuando se fue andando una máquina sola y no se paró hasta Huerta?"

- "Parece que todavía escucho el ruido de los cristales del tejado de los talleres vibrando cuando estaban las máquinas dentro"

- "Menuda fama tenía el taller de reparación de máquinas que había aquí"


Dejamos a ambos ferroviarios y nos vamos lamentando en los adentros el vandalismo que ha sufrido recientemente este tesoro que nos recuerda a todos otros tiempos y que para ellos es el símbolo de los años de oro de Arcos de Jalón y el ancla de sus recuerdos. 


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Montse Martínez
POR
Montserrat Martínez,
 19 oct

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