EL JARDIN DE LAS IGUALES

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Cuenta la leyenda que Frontonio fue decapitado como castigo a su fe cristiana. Su cabeza fue tirada al río Ebro en Zaragoza, quedando el cuerpo en el cementerio. El milagro se produjo cuando la cabeza, remontando el río Ebro, apareció en las orillas del río Jalón a la altura de Épila. Esta localidad lo acogió como patrono, dando descanso en ella a sus restos. No se asusten, seguimos hablando de vinos en este humilde rincón, aunque la leyenda de este santo bien merece ser contada por lo peculiar de la misma. Este caso la he traído para ustedes, ya que Frontonio da nombre a la bodega de cuyos vinos voy a hablarles hoy. El motivo, que uno de sus miembros, Mario, es originario de Épila, y sobre todo, que el proyecto nació para ir a contracorriente.

Hablamos pues de Bodegas Frontonio, sin duda uno de los más excitantes planes alrededor del vino que tenemos en Aragón. Y digo bien, plan, ya que es una nave que navega con un destino claro, posicionar vinos de Aragón en los primeros escalafones a nivel mundial.

Muchos de sus hijos y nietos, en su día a día escolar, estarán siendo requeridos por sus maestros para trabajar en equipo. Ya no se lleva la individualidad, porqué cuando se juntan varias mentes con sus respectivas virtudes el resultado final tiende a ser muy superior. Nuestra bodega de hoy está formada por un equipo, para mí, casi perfecto. Francisco se encarga “de las cuentas”, creo que no es necesario explicar más. Mario, que siempre vivió rodeado de viñas, es enólogo. Fernando, aunque le encanta todo lo relativo a la elaboración y el campo, es la cara comercial. Merece un aparte la figura de Fernando. Veía estos días el documental de Heroes del Silencio en una plataforma de televisión, recomendable si es que no lo han visionado ya, y comprobaba entre otras muchas cosas lo importante que fue la figura de Bunbury, alguien que no deja indiferente en lo bueno y en lo malo, que levanta pasiones en cualquier sentido. Fernando es el “front man” de Bodegas Frontonio. Ingeniero de formación, decidió dejarlo todo para seguir su sueño. Recuerdo con mucha claridad cuando empezaba a elaborar sus vinos en la bañera de su casa, y como te hablaba con brillo en los ojos de sus ideas. Recuerdo la primera edición del vino Frontonio, envuelta en papel de periódico del día de su compra, con tu número, que sería siempre para ti. Sinceramente, admiraba a aquella persona, y también envidiaba su valentía y temía como si fuera en mis carnes la idea de un fracaso. Iluso de mí. Fernando empezó a estudiar la formación más importante del mundo vinícola el WSET, y obtuvo un pasaporte que le abriría las puertas de par en par de su futuro, obtener el título de Master of Wine. Voy a darles un dato, hay 418 personas en todo el mundo que lo ostentan, y únicamente cinco nacidos en España, con una sola mujer. Ya ven, que mejor manera de ser tenido en cuenta, pero ojo, no se confundan, a la vez que esto, tenían que llegar unos buenos vinos.

Como les decía al principio, el proyecto nació para ir a contracorriente. Y si, desde un principio tuvieron claro que no iban a ser unos más. Convencidos de que contamos con unas viñas que nada tienen que envidiar a las mejores del mundo, comenzaron a crear su gama de vinos procedentes de viñedos de la comarca de Valdejalón y Campo de Borja. Como ya hablamos en anteriores artículos, optaron por una organización de calidad en función del viñedo y su edad. En la base, encontraríamos el vino de Valdejalon, con la denominación Botijo Rojo. V1, vino de pueblo, los Microcósmico. V2, vino de viñas clasificadas, Telescópico. Y la joya de la corona, V3, o “gran cru”, Frontonio y el Jardín de las Iguales.

El Jardín de las Iguales es una plantación que data de principios del siglo XX, añadiéndose algunas plantas en 1919 y 1929. Se ubica en la mágica sierra de Algairén, la que algunos sabios denominan Pirineo Ibérico, en la localidad de Alpartir. La familia Paseta custodió este patrimonio de valor incalculable hasta que, en 2016, nuestros amigos del santo de Épila, se hicieron con ella, e iniciaron la labor de recuperación de plantas y construcciones de muros de piedra seca de las terrazas donde se ubica. De esta maravilla brotan dos vinos, un tinto de garnacha, y un blanco de macabeo. Contadas botellas por razones obvias, que ya ocupan un lugar de honor en el panorama nacional y que miran de tú a tú a las garnachas más famosas del mundo, las francesas de Châteauneuf-du-Pape. Seguramente nunca probaran estas creaciones por su exclusividad y baja producción, pero les animo encarecidamente a beber el resto de la gama, que seguro les emocionará.

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Montse Martínez
POR
Montserrat Martínez,
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