VIÑA TONDONIA ROSADO GRAN RESERVA 2008

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En el mundo del vino, al igual que en otros ámbitos de la vida, también hay modas. Una de estas grandes olas de estilo, más diría tsunami, fue unos años atrás. Momento en el que muchos de los vinos que se producían, comenzaron a parecerse mucho unos a otros. Potentes, concentrados, con mucho color y con notable presencia de la madera de la crianza. Exuberantes, maquillados, incluso difíciles de ubicar en cuanto a su uva y su procedencia. Hay quien dice que la culpa la tuvo un señor, nada menos que un abogado de Baltimore (USA), un tal Robert Parker. El sujeto en cuestión, comenzó a publicar a finales de los 80 una revista, The Wine Advocate, donde puntuaba los vinos. El sistema de puntuación pone la cúspide en los 100 puntos, alcanzando la mayoría de los catados un mínimo de 80. Es decir, entre 80 y 100, se encuentra el Olimpo de las producciones vinícolas. Con el paso de los años, nuestro amigo Robert se convirtió en el prescriptor de vinos más influyente del mundo. Es decir, si él, o realmente su delegado de zona en España, pasaba por Ateca y cataba su Atteca Armas y se le ocurría ponerle un 96, era como si al elaborador le tocaba el euromillón y la Bonoloto, todo junto. Poner ese vino en el panorama mundial, aseguraba la venta de toda la cosecha año tras año. ¿Y por qué le achacaban a este buen hombre esa moda en forma de estilo de elaboración? Porqué según se decía, hacer el vino a ese estilo, aseguraba la buena puntuación. Haciendo honor a la verdad, releyendo entrevistas con el abogado, en los albores del siglo 21, él siempre negaba la mayor. Incluso achacaba a los vinos españoles la excesiva presencia de la madera nueva, y su predominancia en el resultado final. Culpable o no, el tema es que este estilo de vinos se convirtió en lo habitual amparados en las altas puntuaciones de la guía.

¿Recuerdan ustedes las aventuras de Asterix y Obelix? Lo de la pequeña aldea gala que resiste al invasor romano, pues este sería nuestro protagonista de hoy. Mientras todo el mundo se dedicaba a parkerizar sus vinos, término que se acuñó para definir el estilo que teóricamente gustaba al prescriptor estadounidense, en López de Heredia seguían a su marcha.

A finales del siglo 19, Rafael López de Heredia adquirió los conocimientos necesarios en su trato con los negociantes franceses para la elaboración de vino. Ya en el siglo 20, plantó sus propias viñas y comenzó la elaboración de sus vinos al estilo de sus vecinos del norte. Pues hasta ahora. En la bodega continúan haciéndose las cosas como entonces, apostando por la calidad y teniendo una característica que los define por encima de todo, las largas crianzas de sus vinos. Antiguamente, especialmente en la zona de Rioja, pionera en nuestro país, los vinos se hacían para que mejoraran con el envejecimiento. De hecho, como pasa con otras grandes elaboraciones en todo el mundo, beberlos en los primeros años de vida era una experiencia casi desagradable, ya que necesitaban de muchos años de afinamiento para expresar lo que tenían dentro. Los vinos parkerizados, muchas veces, eran vinos inmediatos, es decir, para gustar en el momento, pero con un recorrido corto en el tiempo. López Heredia, entendía sus mejores vinos como una apuesta a muchos años. El alto grado de alcohol, la concentración, baja acidez, madera nueva predominante, contra bajo grado de alcohol, poca concentración, alta acidez y crianza en madera muy usada y mucho tiempo en botella. ¿Qué hacer si tu fabricas pantalones de campana y solo se llevan los pitillo? Pues insistir. Leyendo entrevistas con los herederos del Señor López de Heredia, se puede observar como fueron años duros para algunas de sus creaciones, especialmente para las más largas crianzas y las de más calidad, que suponen una tremenda inversión a largo plazo. Hablemos con datos. El vino que les vengo a traer hoy permanece 4 años en barrica, y 10 en botella, antes de salir al mercado. Y encima es un rosado. ¿Pero rosados y blancos no son vinos para beber en su año? Pues ya ven, el trabajo concienzudo en la viña, la forma de elaborar y cuidar en las crianzas generan vinos eternos. Si pueden disfruten de un vino de esta bodega de los años 60 o 70, o anterior, da igual blanco, que tinto. Este en particular, este gran reserva rosado del 2008, bebido gracias a mi gran amigo Pablo, en el marco incomparable de la casa de mis también grandes amigos Carlos y Gema, hace unos días, se mostraba pletórico, con su fruta roja, flores secas, ebanistería, con una afilada acidez que augura longevidad.

No pongo precio, porqué a este vino le llaman el unicornio, ya que es tan difícil de encontrar como el susodicho ser mitológico, pero actualmente la añada en curso es la 2010, pudiéndose encontrar en la bodega.

Disfruten de estos vinos porqué son patrimonio de nuestro país.


Tondonia rosado


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