VERANO

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      El 21 de junio, en culturas muy distintas desde la antigüedad se celebra el solsticio de verano con ritos muy parecidos. Se construye un muñeco que representa a la muerte, se le engalana, lo llevan en procesión a lo alto de un monte o a la playa, allí, después de despojarlo de todos los adornos, lo despeñan por un precipicio o lo ahogan. Es como practicar un exorcismo y sacudirte la muerte de encima.


       Esta ceremonia en algunos países se acompaña de la tala de un árbol, por cuyo tronco desnudo trepan los jóvenes, para recoger de su punta aquellas cintas de colores con las que antes lo han adornado las muchachas que los pretenden.


       En este tiempo de virus, alarmas, guerras y miedos, se abrirá en esa fecha la puerta de nuestra mente para enfrentarnos al desafío que supone el verano.


        En nuestra cultura mediterránea, este solsticio se celebra con hogueras y en la noche de San Juan alrededor de las llamas se formulan deseos y se plantean toda clase de sueños. Habrá bailes, canciones y guirnaldas, en la ronda del fuego bajo las estrellas surgirán primeros amores y habrá nostalgia de otros que se perdieron, pero en el solsticio de este año la ruidosa alegría aparecerá sobrevolada por la sombra del miedo que nos han transmitido para mantenernos encerrados y acobardados.


        Nunca como en esa noche el placer estará tan unido a la muerte, no en forma de muñeco simbólico, si no como algo presente y muy real, porque las cenizas de esas hogueras nos recordaran a las de nuestros muertos.


      Puede que los virus y el miedo nos obliguen a vivir otro verano distinto. Pero siempre habrá una hamaca, la sombra de una higuera, un libro, una bicicleta, cervezas y partidas con amigos, el mar o un rio, conversaciones sobre lo humano y lo divino. Con todo ello debemos formar una barricada, crear nuestros escudos, nos infundiremos valor, refundaremos nuestra cesta de valores y ojalá seamos capaces de entender que la muerte no existiría sin la vida, y esta solo resulta plena cuando se afronta sin miedos.


       Por todo esto, este verano, cuando nos sintamos entre los nuestros y el calor nos haga refrescarnos, saquemos la vida del cuerpo y vivamos como bebemos apurando hasta el ultimo trago…….¡¡Brindo por ello!!

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ARTÍCULO DEL DÍA

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POR
Ana Rodríguez,
 23 nov

En los últimos años de mi experiencia profesional, las personas mayores que se trasladan a la Residencia, presentan una diversidad funcional severa, por lo que en muchas ocasiones, los residentes disfrutan poco tiempo de los servicios y actividades que se pueden prestar en los Centros y es muy importante ofrecerles unos cuidados dignos en el final de su vida (leer más)

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