LOS CUIDADOS AL FINAL DE LA VIDA EN LA RESIDENCIA

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En los últimos años de mi experiencia profesional, las personas mayores que se trasladan a la Residencia, presentan una diversidad funcional severa, por lo que en muchas ocasiones, los residentes disfrutan poco tiempo de los servicios y actividades que se pueden prestar en los Centros y es muy importante ofrecerles unos cuidados dignos en el final de su vida.



Tan importante es el día de “acogimiento” de la persona que cambia su entorno, como la última etapa de su vida, en la que toda la información recogida en el tiempo que está con nosotros, nos va a servir para ofrecerle un final confortable.


El usuario se traslada de su casa, normalmente, a otro lugar, “el hogar” de otras muchas personas con patologías y edades parecidas en la que conviven y dónde, existen profesionales de atención directa formadas para ayudarles en las Actividades de la Vida Diaria, para conocer su Historia de Vida, sus preferencias, su biografía, sus gustos, practicar escucha activa, sonreírles y transmitirles confianza y seguridad. En la mayoría de los casos, el ingreso es de urgencia por la situación terminal que presentan siendo inviable cuidar en casa y necesitando una residencia como recurso para las familias.



¿En qué consisten estos cuidados “especiales”?. Mi contestación es solo una palabra, HUMANIDAD.


Esta última etapa es durísima para el residente y la familia, dado el gran impacto emocional que produce. La familia, nunca está preparada para la despedida de su ser querido con un duelo que comienza cuando el residente empeora y avisamos para comunicar esas malas noticias que a nadie nos gustaría dar. Quizá el residente es “el más consciente” de su partida. Para el Centro debe ser el protagonista de su final junto con su familia y tenemos que atender sus demandas: su consejero espiritual, si es religioso, sus amistades o familiares que desea que lo acompañen…en el caso que el residente no pueda transmitir, será la familia quien nos de las indicaciones pertinentes.


En cualquier caso, el objetivo de cualquier profesional que trabajamos en el sector, es que nuestro residente no sufra, que no presente agonía ni desazón, que se pueda marchar en paz, que esté en calma y acompañado por sus seres queridos, que lo dejemos ir con dignidad rodeado de cariño y preservando su intimidad.


Poder ofrecerle unos cuidados paliativos cuyo apoyo para la atención integral, es el Centro de Salud, o bien, la ESAD (Unidad de Cuidados Paliativos) e incluso ambos, profesionales preparados para ayudar no solo a la persona que se marcha sino también son un apoyo emocional considerable para la familia (en muchas ocasiones no conocen estos cuidados y en su montaña rusa de emociones no entienden o no procesan las aportaciones positivas para ambas partes) y un soporte para el Centro. Desde aquí, mi agradecimiento a ambos por la promoción de una buena calidad de atención al enfermo terminal.



En el tramo final de la vida, que suelen ser días, no se necesita ni medicación ni alimentos, es fundamental demostrar lo importante que ha sido esa persona en las vidas de sus familiares y amigos, lo que lo quieren, poder despedirse desde la calma, utilizando la caricia y permitiéndole su marcha.


El residente nos oye y le debemos el respeto que se merece. Destacar la importancia del “ambiente” que depende de las actitudes de los profesionales que trabajamos en estos Centros y de la familia así como de medidas organizativas que den seguridad y promocionen la comodidad del enfermo. Una atmósfera de respeto en la que la comunicación influya de manera decisiva en el control de síntomas,así como, demostrar al residente que está bien cuidado.



Una buena muerte debe estar atendida con los “alivios médicos” de los que hoy por hoy, disponemos. Enfrentarse a la muerte para todos, incluso las personas que trabajamos en el sector, es complicado ya que ha sido un tabú y no nos han enseñado a tener las herramientas adecuadas para enfrentarnos a la pérdida.


GRACIAS.


Ana Rodríguez Betrián.

Dirección de Fundación el Molino. Residencia de Mayores de Ariza.

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Jorge Mariscal,
  6 dic

A estas alturas de Memorias de Embid de Ariza, nuestros lectores ya conocen las distintas ermitas que han existido en nuestro municipio, la de Santa Quiteria, la Virgen de las Angustias y el Santo Rosario, pero de la que nada hemos tratado pretendo hoy dar luz en la que posiblemente sea la más antigua y la más especial por los acontecimientos sufridos a lo largo de su historia. (leer más)

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