MONTEAGUDO DE LAS VICARÍAS CELEBRA EL CENTENARIO DE DIONISIO GÓMEZ

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Centenario monteagudo


El diputado de la Diputación de Soria Matías Ágreda y el concejal del Ayuntamiento de Monteagudo de las Vicarías, Miguel Ángel Utrilla, han asistido esta mañana en la residencia de Nuestra Señora de Bienvenida, al homenaje de Dionisio Gómez Luego, usuario de este centro que cumple hoy, martes 13 de diciembre, la friolera de 100 años.


En el acto, el diputado Ágreda ha entregado al centenario la placa conmemorativa y el acta con la fecha de su nacimiento, en reconocimiento de una larga vida de esfuerzos y valentía. Dionisio Gómez, o el tío Dionisio, como es conocido en la localidad rayana del Alto Jalón,  ha celebrado su cumpleaños arropado por sus sobrinos, vecinos y compañeros de la residencia de Monteagudo de las Vicarías, con tarta incluida de Saminhaan. 


Dionisio Gómez Luengo, nació en Miñana, en la provincia de Soria, el 13 de diciembre de 1922, del matrimonio entre Eusebia y Zoilo, era el último de una saga de cuatro hermanos. De familia muy humilde, su hermano mayor “El Juanillo” tuvo que abandonar su familia y pueblo muy joven, una vez acabada la guerra civil, en busca de oportunidades, encontró en Monteagudo de las Vicarías trabajo en la fábrica de Harinas del “Tío Jorge”, empleo que alternaba después, de electricista en la compañía eléctrica de la época.


Dionisio y sus hermanos, siguieron los pasos de su hermano mayor y todos se establecieron, en plena postguerra, en Monteagudo de las Vicarias, de manera que Dionisio comenzó a trabajar en la fábrica de Harinas durante 15 años. Allí se manejaban sacos de 100 kg, que Dionisio, junto a otros trabajadores, cargaba a su espalda, algo impensable hoy debido a las normas de seguridad y prevención de riesgos laborales. En muchas ocasiones recuerda la dureza de ese trabajo y las necesidades que entonces se pasaban en la España devastada por una guerra civil.



Posteriormente trabajó como empleado en la fragua de los ‘Herreros’, los Herederos de Anastasio Miguel Marco, en donde demostró su habilidad en las labores de forja, taller e inicios de la mecanización agrícola en las zonas rurales. Aquí trabajo durante seis años.


En plena autarquía se levantaron en España cientos de silos y graneros para almacenar el trigo y otros cereales. Uno de ellos fue el silo de Monteagudo, que dependía del Servicio Nacional de Productos agrarios (SENPA), que sucedió al Servicio Nacional de Cereales (SNC) creado en 1968 y sucesor a su vez del Servicio Nacional del Trigo. Había, por aquellos años, grandes problemas de abastecimiento y los silos eran necesarios, después de la guerra civil, para regular el mercado de un producto alimentario tan esencial como el pan. De esta forma se contaba con la materia prima, el trigo, y se evitaba, en lo posible, problemas de escasez.


El silo era una construcción de grandes dimensiones para la época en la que se vivía, un conglomerado de hormigón armado con celdas de enorme capacidad y altura, con una maquinaria de carga y descarga totalmente automática. El “tío Dioniso” comenzó a trabajar a finales del sesenta en el silo de Monteagudo, uno esos “monstruos gigantes” de color Marrón amarillo luminoso que eran visibles desde todos los puntos geográficos. Aquí mejoraron sus condiciones de vida, al tratarse de instalaciones muy automatizadas. En este trabajo se jubiló a la edad de los 65 años, en el año 1987.


Además de esta dilatada vida profesional, el “Tío Dioniso” vendía seguros, tramitaba licencias de caza, hacia las veces de practicante en ausencia del médico del pueblo, de una forma totalmente altruista. En Monteagudo conoció a Felisa Díez, con la que se casó en un matrimonio que no tuvo descendencia, pero todos los sobrinos que tuvieron se comportaron como hijos propios. “Era para todos “el tío Dionisio”, incluso "mucha gente del pueblo le llamaba así”, explican sus sobrinos. De hecho, la casa de la Felisa y el Tío “Dionisio” era la casa de todos, lugar de encuentro de las mujeres a coser, a rezar, a ponerse una vacuna, a hacer un seguro, a comer, a merendar o cenar. Nunca era demasiado el ofrecimiento de ambos a sus invitados siendo el Tío Dionisio exagerado en sacar de todo a todos, siempre le parecía poco.


Felisa fue su apoyo total e incondicional, pues para ella el “Tío Dioniso” era su niño, su compañero, su esposo. En definitiva, Lo era todo para él y el para ella, viviendo juntos durante 55 años, en una relación admirable y ejemplar. Felisa falleció en el año 2007 y desde entonces el Tío Dionisio ha estado en la Residencia de Monteagudo de las Vicarias, en donde ha demostrado una perfecta adaptación, generando y contribuyendo a un buen clima de convivencia, teniendo que soportar una situación, como muchos, provocada por la enfermedad Covid-19. Ahora en su centenario, el centenario demuestra su fuerza, su valentía y sus ganas de seguir viviendo.


¡Viva el Tío Dioniso!

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