MANIFIESTO DE LA CONCENTRACIÓN DEL 23A EN MADRID

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Buenas tardes y bienvenidos a todos,


Hoy es un día muy especial, y es que se celebra el día de nuestra Comunidad Autónoma, pero estamos aquí, en la capital de España, por haber tenido que salir de nuestra tierra para poder estudiar o trabajar. Y estamos aquí, en estos meses de pandemia, sin poder visitar a nuestras familias durante meses.

Cada año que pasa, igual que hemos hecho nosotros, miles de personas de nuestra región siguen viéndose obligadas a emigrar de su lugar de origen por falta de oportunidades y servicios básicos. Y es que este viaje que comienza con los estudios, difícilmente es de retorno.

En Castilla y León, de donde procedemos, se ha producido una sangría durante décadas que ninguna administración ha podido parar. A falta de políticas públicas adecuadas, la tendencia de momento no hace más que empeorar.

En sólo 10 años, desde 2010 a 2020, Castilla y León ha perdido 170.000 habitantes. Eso es casi dos veces la población de la provincia de Soria.

4 de las 5 provincias más despobladas de España están en Castilla y León. Dos de ellas tienen más ciudadanos viviendo fuera de la misma que dentro, y varias más están muy cerca de esa cifra. Tenemos provincias que son desierto demográfico con 8.6 habitantes por kilómetro cuadrado, y comarcas con menos de 3 habitantes por kilómetro cuadrado.

La despoblación es un problema intergeneracional que afecta desde hace décadas a todos los territorios aquí representados. Es tan acuciado que estigmatiza desde joven: estamos predestinados a marcharnos. En todas las localidades, grandes, pequeñas, en todas las casas, en todos los edificios. Todos conocemos o tenemos familiares y allegados que se han ido. De todas las generaciones: abuelos, padres, hermanos e hijos


La despoblación nos afecta a todos: padres sin hijos; abuelos sin nietos; hermanos, hijos y parejas separadas; distancias que son imposibles para el cuidado de nuestros mayores.

Encontrar dos trabajos dignos es misión imposible. Quedarse y tener hijos es heroico. Hacer cientos de kilómetros para que nos atienda un especialista. Tener que ir a otra comunidad para recibir ciertas terapias. Recorrer decenas de kilómetros para vacunarse o para ir al colegio. Y entramos en un círculo vicioso.

Cuantos menos jóvenes, menos natalidad, más mayores y más gasto social, en la que es la región más extensa de Europa y una de las menos densamente pobladas, con pueblos que tuvieron vida hace décadas y hoy languidecen.

Cuando muchos de nosotros teníamos 16 años y estudiábamos Bachillerato, ya sabíamos que tendríamos que irnos de nuestra ciudad y de nuestra provincia para estudiar una carrera.

Somos una fábrica de talento. Año tras año las estadísticas educativas lo confirman. Regamos de talento España y parte del extranjero.

Nuestra inversión no retorna. Y es que, los que hoy nos encontramos aquí hemos vivido con una realidad muy poco conocida.

Los pueblos de Castilla y León han visto durante décadas el goteo incesante de la emigración. Miles de proyectos de vida perdidos en nuestra tierra. Pero también en las capitales de provincia o núcleos de población mayores sus gentes saborean la sangría demográfica. Provincias enteras con miles de jóvenes que saben que estudiarán y vivirán lejos de sus padres, porque probablemente la carrera que estudian tampoco podrán desarrollarla en su ciudad natal.

Se han cerrado muchas escuelas en los pueblos; eliminado conexiones por ferrocarril, y se han recortado frecuencias en transporte por carretera.

Eso, por no hablar de la sanidad. Hace 14 años nos prometieron que todas las provincias de Castilla y León tendrían unidades de radioterapia. 14 años en los que nuestros pacientes han tenido que hacer miles de kilómetros a otras provincias para poder recibir su tratamiento. Miles de kilómetros que se han realizado a través de carreteras con los puntos negros más peligrosos de España y que se dejan decenas de muertos al año, como la Nacional 122, entre otras.


Carreteras que llevan casi 30 años en obras y que parcialmente van abriendo tramos inconexos, como la Autovía del Duero. Autovía que fue declarada de interés estratégico por la Junta de Castilla y León en el año 1993. Esto fue hace 28 años. Y su primera piedra se puso en el año 1997, hace 24 años. Parece mentira, pero llevamos casi 30 años exigiendo las mismas autovías, y todavía hay tramos que ni siquiera están proyectados.

Los ciudadanos de Castilla y León pagamos los mismos impuestos que el resto de España, por lo que no entendemos el abandono sistemático de los distintos gobiernos a nuestros territorios.

Queremos que se tomen medidas, de manera que se promocione el crecimiento demográfico haciendo atractiva nuestra tierra al disponer de todos los servicios básicos. Tenemos que retener a los jóvenes, permitiéndoles estudiar en su provincia y posteriormente trabajar.

Reclamamos, en primer lugar, conectividad física y virtual. Necesitamos buenas carreteras y accesos que estén mantenidos y faciliten la comunicación. Luego conectividad digital: banda ancha y red 4G en todos los lugares. Es fundamental, en la sociedad en que vivimos, disponer de Internet en cualquier pueblo de España, para poder realizar cualquier tipo de emprendimiento o actividad diaria. Por lo tanto sin unas buenas conexiones, cualquier otra acción es inutil.

En segundo lugar, recuperar los servicios públicos básicos: transporte, sanidad, educación...etc. Estos son servicios básicos que garantizan una calidad de vida. No solo para la población actual, sino para cualquier persona que quiera instalarse y desarrollar su nueva vida en cualquiera de nuestros pueblos. Y necesitarán una escuela, guardería o consultorio local. Sobre todo, formación adecuada y especializada en las industrias que generan empleo, sin olvidar la agroalimentaria. También es importante el refuerzo de servicios de transporte público hacia las capitales de provincia, por no decir el abandono que sufren nuestros ferrocarriles, donde se ha invertido continuamente en AVE y Cercanías, olvidando los antiguos ejes de comunicación (por ejemplo, el Madrid- Burgos, donde el trazado ya está hecho pero se está deteriorando por el abandono) o la Santander-Mediterráneo, que es el camino más corto entre Santander y Valencia.

En tercer lugar, políticas fiscales ventajosas para el crecimiento: hay que incentivar la creación de empresas, la deslocalización de las mismas hacia áreas poco pobladas y el teletrabajo, para así atraer a habitantes. Queremos un modelo con una fiscalidad especial para hacer el territorio más atractivo, similar al que dispone Canarias. También


se podría incentivar la vuelta al pueblo con ayudas económicas para las familias con niños que se establezcan a largo plazo en municipios de menos de un determinado número de habitantes. Así se solucionaría el problema de la despoblación pero también el de la baja natalidad.

Estos tres ejes de conectividad, servicios y atracción de la inversión no son más que las bases de una recuperación poblacional a largo plazo. Es preciso ruralizar lo urbano (descongestionando ciudades) y urbanizar lo rural para equilibrar equitativamente la población en nuestro país. Quizás el reciente coronavirus ha puesto en cuestión nuestro modelo de vida actual, revalorizando el campo e instaurando el teletrabajo (o al menos parcialmente). Si no se potencian las políticas anteriores se estaría perdiendo una gran oportunidad. Y entonces, seguiremos ignorando una realidad, dejando actuar al mal silencioso y lento del abandono territorial de nuestro territorio.

Se deben tomar medidas urgentes para revertir esta catástrofe demográfica, que no solo es poblacional sino que es mucho mayor. Es un problema social (se pierden modos de vida, tradiciones y costumbres heredadas). Es un problema económico (la falta de emprendimiento e iniciativas condenan al abandono, la agricultura cada vez se abarca por menos personas en explotaciones más grandes). Es un problema estructural (este hecho no hace más que acentuar una pirámide poblacional invertida y significa la defunción de nuestro territorio). Y por último: es territorial (se abandonan casas, tierras, iglesias, escuelas, estaciones, carreteras, infraestructuras...etc.). En definitiva, muchas zonas han caído en la tristeza diaria de lo que un día fueron focos de vida, juventud y animación. Y si nos descuidamos puede que sea demasiado tarde. Pero aún hay esperanza si los ciudadanos y las administraciones toman conciencia de este desequilibrio territorial.

Reclamamos voluntad política. Que nuestros representantes, los 31 diputados y 39 senadores tengan como foco nuestro territorio, la generación de riqueza y creación de oportunidades. Queremos poder pescar, no que nos den peces. La creación de riqueza en nuestras provincias es totalmente compatible con la riqueza y el progreso de España. De hecho, es la mejor forma de construirlo, de una forma robusta y sostenible.

Queremos poner en valor nuestra gran riqueza. Nuestro campo. Nuestro patrimonio material, inmaterial y, sobre todo, humano. Nuestras empresas, nuestros productos, nuestras tradiciones. Queremos generar economía sostenible, verde y circular, siempre, vinculada al territorio y a la defensa de nuestro patrimonio. Queremos industria limpia y relacionada con nuestros recursos para generar empleos de alto valor añadido ligados


a la tecnología, la investigación, los sectores que son ya una realidad, como automoción y agroalimentario, y los futuros, como el bio-sanitario, logístico o industria digital; queremos que nuestra excelente formación revierta en nuestra tierra.

La crisis del coronavirus ha evidenciado que otro estilo de vida es posible. El campo es la resistencia, la despensa, el pulmón. La vida en los pueblos y las ciudades pequeñas es amable, solidaria, cercana, más personal. El tiempo y el dinero cunden más.

Hace muchos años se escuchaba que los trabajos más especializados no podían realizarse en otro lugar que en la gran capital. Que es allí donde está el trabajo. Quizás esto era así hace 30 años, pero ahora estamos ante la mayor posibilidad de redistribuir este trabajo entre todas las provincias.

El teletrabajo ha supuesto un cambio espectacular en todos aquellos trabajos típicamente de oficina. Se ha demostrado que la productividad ha sido mucho mayor debido a la cantidad de horas semanales que se ahorra un ciudadano en una ciudad como esta, Madrid, donde los tiempos de transporte medios al trabajo son de dos horas al día.

Nuestra tierra y nuestros pueblos están muy cerca de recuperar a sus poblaciones debido a este nuevo paradigma, y no solo eso, sino también atraer a muchos nuevos ciudadanos que desean salir del agobio de las grandes ciudades, pero para ello todavía hace falta mucho trabajo, y es que hay que dotar de fibra óptica a todas nuestras poblaciones abandonadas para hacer esto posible.

El futuro y progreso de España no debería reducirse ni depender, como hasta ahora, de la gran capital, o de tener miles de kilómetros de costa. La densidad de población media en España es baja y, sin embargo, muy alta en los grandes núcleos urbanos. Este modelo genera, por un lado, enormes áreas despobladas y por otro, concentra la población en unas pocas ciudades.

Estas zonas superpobladas, también sufren graves problemas de movilidad y polución. Ni siquiera Madrid puede permitirse seguir absorbiendo toda la población de las provincias de alrededor, ya que cada vez hay más tráfico y contaminación, y desplazamientos masivos en cada fin de semana o festivo.

España debe cambiar su modelo en el cual apenas unas pocas ciudades disponen de todas las empresas y servicios, con los perjuicios que esto supone, y pasar a tener un país equilibrado en el que cualquier ciudad tiene precios de vivienda asequibles y donde


cualquier persona puede disponer de todos los servicios básicos sea cual sea la provincia donde ha nacido o donde ha deseado vivir. Con la próxima llegada de fondos europeos, estamos ante una ocasión histórica para generar riqueza y oportunidades basadas en la digitalización y la sostenibilidad, recuperando el medio rural y las poblaciones pequeñas y medianas.

Aunque cada vez somos menos, todavía somos muchos los que estamos aquí manifestándonos, y no se puede permitir que llegue el día en que seamos tan pocos que ni siquiera podamos estar aquí.

Finalizamos reivindicando nuestro derecho a ser oídos y escuchados. Queremos una tierra viva y equilibrada, descentralizada, con futuro, y que brinde oportunidades para vivir    dignamente    en    todas    y    cada    una    de    sus    nueve    provincias. Es nuestro deber como castellanoleoneses luchar por un futuro mejor. Así que hagámoslo por nosotras y por nosotros, por nuestros antepasados, por nuestra historia y por las futuras generaciones que vienen:

¡STOP Despoblación Castilla y León!

¡Futuro digno para nuestra tierra!

¡Muchas gracias!

Comentarios

ARTÍCULO DEL DÍA

Fran
POR
Fran Álvarez,
 17 oct

Ejemplos tenemos en Medinaceli, Monteagudo de las Vicarías, Jaraba y muchos más que por acortar me dejo, son muestra viva de que si potenciamos lo que tenemos podemos vivir de ello. (leer más)

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