EL VOLCÁN DE NUÉVALOS

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Nuevalos


La semana pasada nos pusimos las botas recogiendo setas en el Alto Jalón. El fruto por excelencia del otoño de nuestra comarca nos dio grandes satisfacciones en el monte y en la mesa, provocando que conjugasen a la perfección el sentido literal y el figurado de la expresión "me pongo las botas". Este es firme propósito para esta temporada, comer bien tras cada jornada en la que nos vamos de excursión, pero esta vez haremos una excepción y que me perdone Carlos Galé, nuestro guía de esta jornada, al que le debo una parrillada de ternasco de Aragón.

Carlos es investigador geólogo y ha desarrollado gran parte de su carrera en la Universidad de Zaragoza. Allí, ha formado parte del grupo de investigación de petrología ignea que trabajó la zona de Nuévalos en busca de vestigios volcánicos. Y sí, como los volcanes están de moda con la erupción de La Palma, hoy #MePongoLasBotas en Nuévalos en busca de volcanes en el Alto Jalón siguiendo la pista de una limburgita, roca volcánica básica, que apareció en la zona a finales del siglo XIX y que es prueba de la actividad volcánica en el Alto Jalón, aunque haga de esto 180 millones de años.

Habiendo desarrollado su labor investigadora, en conjunto con su equipo de la Universidad de Zaragoza, sobre zonas como el magmatismo pérmico del Pirineo, este doctor en geología es un apasionado de los volcanes y nos cuenta que quien fuera su jefe, Marceliano Lago, se interesó por una roca "muy extraña" procedente de la zona de Nuévalos. "Se conocía todas las rocas volcánicas del norte de la Península Ibérica", nos cuenta Carlos. Entonces, guiados por unas indicaciones del estudio fechado en 1885 "Limburgita de Nuévalos", de Francisco Quiroga, se decidieron a buscarlo.



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Quiroga explica, en el primer documento conocido que habla de actividad volcánica en Nuévalos, que el lugar "se encuentra a unos 5 kilómetros al ENE de la villa de Nuévalos, en el sitio que denominan los naturales del país Carravilla, casi en sus confines con Barbaneda" y continúa detallando que está "en un cerro, a una altura de 860 metros sobre el nivel del mar, 120 metros más alto que el pueblo de Nuévalos". La expedición de Carlos no las tenía todas consigo para encontrar el afloramiento de lava y Quiroga se lo ponía todo mucho más negro escribiendo, hace casi 150 años, que "apenas aflora un decímetro en los puntos que más sobre la superficie del terreno, que está sembrado".  Allí, Nicasio Mariscal, entonces doctor de Nuévalos, encontró una roca y la llevó al Museo de Ciencias Naturales de Madrid, donde fue clasificada como la "limburgita de Nuévalos", que luego sería descubierta y estudiada en 1885 por Quiroga.


Cerrobalbaneda


Ya en el siglo XIX, explica Quiroga el mal estado del afloramiento, de modo que la expedición de la que formó parte Carlos no consiguió encontrar nada. El paso del tiempo, los trabajos del campo... todo ha hecho que esa huella se haya borrado de la superficie, pero por suerte, sí se ha documentado. El primer estudio de Quiroga concluyó, a través de análisis microscópicos y comparando la limburgita con otras rocas similares extraídas de Campo de Calatrava (Ciudad Real), que se trataba de una afloración de lava "del final del terciario, parecida a la de Ciudad Real y que proviene del manto terrestre, formada por un magma a más de 30 km de profundidad", nos explica Carlos.

Mediante el trabajo de documentación e investigación, nuestro guía de hoy y su equipo de trabajo descubrieron que, un siglo después, en 1987, el catedrático de la Universidad Complutense Eumenio Ancochea presentó el estudio "Las rocas volcánicas neógenas de Nuévalos", donde utiliza técnicas modernas para aplicarlas a los estudios de Quiroga, estableciendo similares conclusiones que el primero y añadiendo que la erupción de Nuévalos no fue violenta, ya que son rocas básicas, con mucho contenido en magnesio y poco en silicio, que hacen que la lava sea menos viscosa y más fluidas, por lo que, según nos cuenta Carlos "la lava saldría sin taponamientos, de modo que no habría explosiones". Ancochea dataría la erupción también en el Terciario, hace unos 20 millones de años, "para nosotros los geólogos, antes de ayer", señala nuestro guía.

En la búsqueda de la datación real de la erupción volcánica de Nuévalos, en el año 1998 otro estudio de varios autores se centró en ello. Mediante técnicas radiométricas, obtuvieron la edad en la que se produjo el material y se estableció una antigüedad de la limburgita de Nuévalos de aproximadamente 180 millones de años. La limburgita de Nuévalos sería pues una roca del Jurásico. 

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Aspecto de una limburgita


Comparando esas rocas volcánicas encontradas en Nuévalos con otras de la Cordillera Ibérica, Carlos nos cuenta que "no se parecen en nada", pero el problema es que "no se han vuelto a encontrar más". Una excursión por la zona no sirve más que para pasear sin posibilidad de ver nada entre tierras de labranza. Encontrar nuevas rocas volcánicas sería valioso para seguir estudiando la historia de la formación de la orografía que vemos hoy en nuestra comarca, pero la mano del hombre y la acción de millones de años de erosión hacen harto complicada la tarea de hallar nuevas limburgitas. "Seguro que alguien del pueblo tiene alguna", nos cuenta Carlos añorando "los gloriosos años en los que se empezó a hacer el mapa geológico de España" cuando la investigación "se hacía en burro y preguntando a los lugareños".

Nos vamos de Nuévalos preguntándonos si quizá alguien pueda tener una roca negra, densa y extraña en el salón de su casa, de pisapapeles en el despacho o decorando una repisa. La semana que viene volveré a buscar rincones singulares del Alto Jalón. ¿Te vienes el próximo domingo a ponerlo en valor con nuestras botas? Hasta la semana que viene.


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