EL BUSCADOR DE SUEÑOS

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Significado de sou00f1ar con un Camino (1)



Tenía la frente gastada de ir siempre contra el viento, pero es como hay que hacerlo para poder volar. Sentía la necesidad constante de buscar el horizonte, pero el sol siempre se ponía antes de que él llegara a tiempo. Algo le empujaba desde muy adentro a seguir perdiendo el norte en busca de... Poco le preocupaba, pero no tenía un rumbo fijo más que desafiar todo aquello que se le etiquetaba como imposible. Quería fundirse con el cielo y con la tierra, deseaba tomar por suyas a temporadas las estrellas, cruzar los cinco mares, volar como una cometa anclado a todo y a nadie, y soñaba con conocer a todas las gentes del planeta para poder formar un poco parte también de ellas. 


Ese ansia de buscar le tenía ya las plantas de los pies en carne viva, de tanto andar y andar pretendiendo encontrarse a la vida. Pero nada podía hacerle parar. Tenía la firme intención de, algún día, llegar a ese sitio donde sintiera que ya lo tenía. En alguna ocasión, en las paradas que de vez en cuando hacía, creyó sentirse en un lugar donde poder quedarse y conformarse con lo que tenía, pero no halló más que escozor por el roce de las ataduras y se hizo alguna herida buscando tesoros enterrados en tierras muy duras. El precio de resignarse le resultó siempre más caro que una despedida. Sí, a veces sentía dolor, pero se le pasaba emprendiendo de nuevo el camino y cruzando otra vez la esquina. Rápidamente le invadía de nuevo la ilusión por buscar algo que ni siquiera él sabía. 


Con el tiempo se convenció de que su búsqueda no terminaría nunca. De que su alegría y pasión, eso que le hacía avanzar con ilusión, provenían de la emoción de levantarse al amanecer con una aventura por vivir, sin la más remota posibilidad de predecir lo que depararía el nuevo día. Y así, se convirtió en un nómada rumbo al Sol, con el único arraigo del amor por todas las cosas de la vida, hasta por el sufrimiento y el dolor, que hacían más valiosa la alegría. Se convirtió en un buscador de sueños que nada temía.


Aquella tarde, mientras caminaba rumbo al Sol llevando a su mente por senderos inescrutables, descubrió una luz que no había visto antes. Decidió, como hacía siempre, hacer caso a su intuición y partir sin demora en busca del origen de aquel resplandor suave. Le resultaba más atractiva que el brillo del Sol, algo que para él era una novedad, lo cual la hacía todavía más deseable. Tenía la mirada fija en esa luz que, extrañamente, no era cegadora, a diferencia de lo que había estado persiguiendo hasta ahora. Era la primera vez en su camino que le parecía realmente tener un destino alcanzable. 


Cuando se puso el Sol, la luz se hizo más grande, iluminando el camino a su alrededor, haciéndolo más agradable. En su caminar eterno, no había visto esto antes. Si llegaba el invierno, la luminiscencia se hacía más fuerte para calentarle. En los días de verano, proyectaba sombras para no quemarle. Conforme iba avanzando, sentía más cerca ese fulgor centelleante y se hacía más fuerte su empeño de encontrar la fuente de aquel destello. 


Pasaban los años, y el camino parecía hacerse eterno. Hubo algunas puertas cerradas que le complicaron el trayecto. La edad poco a poco le apretaba, se estaba haciendo viejo, pero la luz le animaba a no cejar en el empeño. Cuando parecía que él flaqueaba, más le llamaba el destello, y cuando la luz titubeaba, él apretaba el paso para buscala hasta el resuello. Parecía que se compenetraban y el camino, aunque largo y complejo, se antojaba siempre superable entre la luz y el buscador de sueños. 


Siguió andando y andando con su luz como faro. La vejez ya le apretaba al apasionado caminante, pero su intención era clara, nada podía pararle. La tenía tan cerca, que ni su ya decrépita senectud le haría no llegar a su meta. Una noche de verano, cuando ya se sentía agotado, decidió pararse y descansar un rato. Se recostó tumbado de lado. Al querer seguir el camino, se dio cuenta de que el descanso no sería momentáneo. Ya no podía levantarse a pesar de sus muchos intentos.


Estaba tan enojado como cansado... Tenía la luz tan cerca... La estaba casi tocando... Entonces fue la luz la que se puso en marcha y se dirigió a su lado. Se colocó tan próxima a él, que pudo acariciarla con la mano y susurrarle ahogadas palabras al oído. Le dijo -"Gracias por haberme acompañado en el camino. Por ayudarme a superarlo cuando era difícil y por disfrutarlo conmigo cuando se volvió sencillo. Siento no haber conseguido poder decírtelo hasta el último día"-. Y entonces ella le respondió -"Tú has hecho lo mismo conmigo regalándome tu pasión por llegar junto a mí, superando cualquier situación y adversidad sin plantear rendirte ningún día. Siguiéndome a mí mientras yo te cuidaba en tu camino. Me lo has estado diciendo desde el día que emprendiste nuestro destino. Ahora descansa, ya no tienes que seguir soñando, en nuestro viaje hemos encontrado una gran vida".



...para ti, que eres luz

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ARTÍCULO DEL DÍA

Fran
POR
Fran Álvarez,
 23 ene

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