UN INDIANO EN ARCOS -1956

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He de reconocer que por el personaje de esta semana siento cierta fascinación. Será por el parentesco que nos une, quizá por lo que me cuentan Mari Flor, que lo conoció, o Agustín que me dice que aporto dinero para adoquinar la calle que hoy lleva su nombre y la donación para la plaza de toros, entre otras muchas cosas.

Si tuviésemos que definir a Félix Cid Beltrán, lo haríamos con dos palabras: Coraje y determinación. La determinación de un chaval de 23 años, dejando su pueblo, su familia y amigos y aventurarse en un viaje que le llevaría a Méjico (de ahí lo de indiano), para labrarse un futuro mejor. Seguramente viendo el mar por primera vez y padeciéndolo durante tantos días, excesivo para un joven castellano.

Félix vino al mundo en junio de 1901 en la calle de la Zarza, de Arcos. Su padre Cayetano, arcobrigense. Su madre Paula de Santa María de Huerta y prima de mi bisabuela Emilia, también de Huerta.

Todo parece indicar que nuestro protagonista de hoy se embarca en Barcelona el 25 de julio de 1924 a bordo del vapor Montevideo. Hace escala en Valencia, Málaga y Cádiz, desde donde verá por última vez en muchos años las costas españolas. El buque irá directo a La Habana, donde hará escala el 15 de agosto, suprimiéndose la escala en Nueva York, por la famosa “Ley Seca".

Sabemos que el 18 de agosto de 1924 llega a Veracruz (Méjico). Pero lo sabemos a través de un documento de 1934. Con fecha 17 de octubre de 1933. La Secretaría de Gobernación de Méjico califica a los inmigrantes en tres grupos: restringidos, prohibidos y controlados. Eso en la práctica significaba que todo emigrante tenía que registrarse. Félix se registra en 1934, cuando lleva diez años en Méjico, en esa fecha mide 1,78, moreno, bigote recortado, barba no usa, librepensador. Está casado y vive en Guadalajara, Méjico.

Parece que desde Veracruz, donde como hemos dicho desembarca en 1924, pasa a México DF, la capital del país, donde lo encontramos casándose el 19 de noviembre de 1929 con Esperanza Baz Godino, nueve años más joven que Félix y natural de México DF.

El 27 de abril de 1931 nace uno de sus hijos al que ponen por nombre Kropotkine (el extracto de la partida de nacimiento abajo). La verdad que el nombre es raro con ganas, en un principio pensé en una deidad azteca, o algo parecido. Lo más cercano que encontré fue un tal Piotr Kropotkin, uno de los teóricos del anarquismo. Pero me da a mí que el Kropotkine acabó siendo un Pepe, o un Manolo para los amigos. 

Aquella primera travesía, lo debió marcar y mucho. Acostumbrado al modesto Jalón, aquel inmenso océano se presentaba como un gran reto. A pesar de que el Montevideo no era el Titanic, no tenía tanto que envidiarle. De hecho, tenemos que esperar a 1951 para obtener documentación del que pudiera ser su primer viaje a España, En esa ocasión con su mujer Esperanza y la que debe ser su hija Yolanda.

Pero detrás de todos estos fríos datos, hay la parte humana. Conmueve el día de su boda, cuando dice que sus padres Cayetano y Paula” siguen viviendo en el mismo pueblo”, tan lejos, tan ausentes. Seguramente esa añoranza, de tantos años, le hizo volcarse tanto por su pueblo. Donó incluso ¡dos toros para las fiestas! En las fiestas de 1956, se le rinde un homenaje en un partido entre el Arcóbriga y el Almazán. Serán probablemente sus últimas fiestas de su querido pueblo. No olvide el lector que Félix cruzaba el Atlántico para venir a las fiestas, entré otras cosas.

Lo encontramos por última vez el 16 /12 /1956 saliendo de Madrid a Nueva York, donde hace escala, compartiendo vuelo con el entonces embajador de España en Estados Unidos, José María de Areilza,” ligero de equipaje", una sola maleta donde lleva el cariño de sus paisanos y el imborrable recuerdo de su pueblo. Arcos ya no lo olvidará, tendrá su calle con su nombre. Pero para las gentes de Arcos, es y será siempre, el mejicano.

Su esposa Esperanza falleció en 2003, en Ciudad de Méjico, a los 92 años. Su espíritu emprendedor, le llevó a labrarse un buen porvenir, viajaba en primera clase en los años 50.

Sirva este ejemplo para homenajear a todos los indianos que salieron del Alto Jalón. Como José Bonillo de Medinaceli, Félix Martínez de Lodares o Gesario de Monteagudo. Estos emprendedores abrieron el camino. Ahora necesitamos de otros emprendedores para que nuestra querida tierra no muera.


Inidiano






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POR
Emilio Casado,
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