VIVIR SIN BRILLAR

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Sentado contra y bajo la farola. Con los pies pegados al suelo, sin sentir el peso de un desmadejado cuerpo.

Los brazos yacen inertes en los costados, las palmas de las manos hacia abajo, para evitar cualquier confusión, cualquier llamada a la generosidad ajena, a la cómoda piedad.

Las rodillas sirven de parapeto a los inquietos ojos, éstos se pasean arriba y abajo en sus cuencas, midiendo, sopesando todo lo que ocurre a su alrededor. Mandan continua y precisa información a su desocupada mente, sobre los viandantes, su altura, su prisa, los coches, su velocidad, su color, la pequeña altura de la acera a la calzada, la inmensidad de los edificios que le rodean y la confusión de su mar de ventanas.

La sensación con el transcurrir del tiempo es de agobio, de falta de brisas, de continua repetición.

Las nalgas se reacomodan una y otra vez contra el duro asiento, al tiempo que la espalda busca algo de ternura en el frio acoplamiento con el cuerpo de la farola.

Todo transcurre lento, agónico, sin cambios.

Al fin, los ojos cansados, buscan reposo…. Bruscamente, miran hacia arriba, la nuez parece querer escapar de cuello. No hay nada especial en ese vulgar e inexpresivo cielo, pero justo encima, bajo unos sucios cristales hay una tenue luz, una humilde candileja que ha nacido con la tarde y va ganando en presencia según se apaga el día.

Casi han desaparecido los ruidos. Parece incapaz de ver nada, sabe que todo está ahí, pero ahora la luz de la farola le cubre con toda su fuerza, sólo luces pequeñas, equidistantes y anónimas que parecen querer hundirse en un pozo de negror, debajo de ellas no se adivina nada ni nadie.

Comienza a sentirse incómodo, nota como se posan otros ojos en él, su impertinente vigilia ha terminado, ahora se siente a merced de otros. La farola ya no es su aliada, se siente traicionado por su audacia, tiene que marcharse y salir de debajo de ese desconsiderado paraguas de luz.

Se levanta torpemente, su cuerpo entumecido penetra lentamente en la oscuridad, un sentimiento de alivio y generalidad llena su alterado espíritu…..¡¡¡ Esta como todo y con todos!!

Hoy ha creído adivinar mientras se esconde, que no usamos la luz para ver las cosas, sólo miramos sin fijarnos, ni en nada ni en los demás……dejamos pasar el tiempo, escondidos entre la rutinaria cotidianeidad…..calientes, cómodos, si tenemos que enfocar y escudriñar, preferimos cerrar los ojos y vivir sin brillar.

Comentarios

EDITORIAL SEMANAL

Fran
POR
Fran Álvarez,
 10 oct

No nos dejemos engañar por discursos paternalistas que saben, desde su sillón en la ciudad, lo que queremos. Que nadie nos haga apartar el foco de que todavía no tenemos buena conexión a Internet, de que los transportes que nos unen son un desastre, de que los servicios que nos ofrecen cada día están peor y se agrandan las desigualdades con los entornos urbanos (leer más)

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