ERIC CLAPTON - TEARS IN HEAVEN (LÁGRIMAS EN EL CIELO)

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¡¡¡Hola hola SINFONOLERS‼‼! 


Empezamos esta nueva andadura en la que vamos a tener un gran número de canciones para analizar. Por supuesto, también habrá entrevistas con grupos, pincha discos o artistas que han aportado su talento en este trocito de tierra, dentro de nuestra querida España, que es el Alto Jalón, desde donde escribimos estas líneas.  

Abordaremos las corrientes musicales que han surgido a lo largo de los años, nos quedan unos cuantos miembros por conocer del luctuoso club de los 27, pero sobre todo tenemos preparada mucha música, música y más música. Para mí es un placer volver a teneros al otro lado de la pantalla. Quiero mandaros muchos besos y abrazos a mis fieles SINFONOLERS. Espero que estéis tod@s estupendamente bien. Y a los que os incorporéis esta nueva temporada a nuestro selecto club, ser bienvenidos a este espacio donde cambiar durante unos minutos el chip, que falta hace, para hablar de música y lo que le rodea.  

Dado que todo va yendo a mejor y volvemos a nuestras rutinas pre-pandemia en las que las actividades extraescolares, entre otras cosas, ocupan casi la totalidad de mi tiempo libre, la periodicidad de los artículos no va a poder ser semanal como en la temporada anterior, ya que me resulta del todo imposible disponer de esos ratitos necesarios para buscar, recabar datos, fotos, anécdotas y profundizar en los temas tan meticulosamente como me gustaría. Así que, de momento, nos reuniremos en torno a nuestra máquina de discos una vez al mes. Aunque como tengo tantas cosas que contaros, tantas canciones que se quedaron en el tintero en la anterior temporada, intentaré buscar tiempo de donde sea para, quincenalmente, publicar un “Sinfonola Expres” los domingos. En ese día trataremos las anécdotas y curiosidades musicales que sean, eso, más exprés, más cortas, pero seguro que no menos interesantes.

Dentro de este otoño que se nos ha echado encima, vemos ya por el retrovisor el verano, dejamos atrás esta época estival que ha estado condicionada, esperemos que, por última vez, por la situación que todos conocemos, por este maldito virus que sigue aferrado a nuestras vidas el muy cabr…! Hemos ido surfeando de ola en ola, pero avanzando, más despacio de lo que desearíamos, hacia la normalidad que tanto ansiamos, ¿verdad? Estoy seguro de que, de una forma u otra, de una manera más dinámica o estática dentro de algunas de esas no fiestas, no vermuts, no tardes de colegeo en las que hemos participado muchos de nosotros durante estos días, nuestra inseparable compañera, la música, ha seguido estado junto a nosotros. 

Esa música que canción a canción, año tras año, acontecimiento tras acontecimiento va conformando a lo largo del tiempo la Banda Sonora de nuestras vidas.  A través de estas canciones que vamos añadiendo a nuestra lista de reproducción personal, somos capaces de revivir momentos pasados, podemos, tan solo escuchado unas notas de alguna melodía, volver de algún modo, a estar otra vez en el lugar donde esa música dejó huella en ti, o quizás recordando a alguien que añoras. También las canciones son capaces de, a través del espacio /tiempo, hacerte viajar hasta el sitio donde, mientras las escuchabas, sucedió aquello tan bonito, tan divertido o tan triste que quedó grabado a fuego en tu interior y que revives cada vez que las vuelves a oír.

Existen miles de canciones para miles de personas, infinidad de sentimientos, circunstancias, lugares y recuerdos que la música nos ayuda a rememorar. Ese es y no otro el tan conocido y nombrado “poder de la música”. Hago esta introducción, un tanto filosófica, porque la canción que hoy suena en nuestra sinfonola es un claro ejemplo de lo mucho que te puede llegar a ayudar una simple canción en un momento determinado, tanto si las estas escuchando como si eres el creador de dicha canción y te sirves de ella para soltar todo el dolor y la angustia que llevas dentro. Este es el caso concreto de este Tears in Heaven que hoy analizaremos.  

Y ahora si, por fin, después de aprovechar el parón veraniego para el mantenimiento y engrase de nuestra sinfonola, echamos la moneda, hacemos la selección y que suene de nuevo la música en el Alto Jalón. Dale marcha SINFONOLER.





Vuelve a visitarnos a nuestro espacio musical el señor Eric Clapton. Imagino que aun recordáis el lio entre Clapton, la preciosa Pattie Boyd y George Harrison de los Beatles ¿no?, un triángulo amoroso que nos dejó para la eternidad unas bonitas canciones y a Clapton una adicción a la heroína por no saber afrontar las calabazas que  Pattie le dio en su momento. Aquí os dejo el enlace del artículo de la canción ‘Layla’ por si en su día no pudisteis leerla o si os apetece refrescar los acontecimientos de esa turbulenta historia. Estos fueron los tres implicados en ella, Harrison, Pattie Boyd y Clapton. 


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En esta ocasión, Clapton vuelve a visitar el Alto Jalón por un motivo bien distinto al que le trajo aquí la anterior temporada. Es probable que muchos ya conozcáis los hechos en torno a los que gira la canción que hoy nos ocupa. “Tears in heaven” es un tema dolorosamente bonito y es imposible que no te pellizque bien fuerte el alma al escucharla, una balada llena de sufrimiento, de amor y ternura. Sin duda, una de las canciones más emotivas de toda la historia de la música. Para los que aún no sepan cual fue el durísimo suceso que hay tras ella, en las siguientes líneas paso a desgranarlo. 

Ocurrió en marzo de 1991, en Nueva York, y sucedió al día siguiente de uno de los días más felices en la vida de Clapton. El músico británico se encontraba en una gira en Nueva York cuando recibió la visita de su hijo Conor, de 5 años, quien viajó junto a su madre, la modelo italiana Lory del Santo. 


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Según contaron Del Santo y Clapton en diferentes entrevistas, la ex pareja del genio musical se encontraba en Estados Unidos junto al hijo de ambos para visitar a Clapton y pasar unos días juntos. Principalmente para que el músico pudiera crear un vínculo más fuerte con su hijo. Debido a sus problemas de adicción, entre otras cosas, Clapton había pasado con el pequeño Conor menos tiempo del que había querido. 

Padre e hijo disfrutaron de una jornada maravillosa. Eric y Conor estuvieron en el circo de Long Island. Lory lo recuerda como uno de los días más felices en la vida de su hijo. "Lo pasaron realmente bien. Cuando Eric regresó, me miró y me dijo que por fin entendía lo que significaba tener un hijo y ser padre. Estaba muy feliz. Era la primera vez que Eric había pasado unas horas a solas con nuestro hijo. Conor, por su parte, estaba muy emocionado por el día tan maravilloso que había pasado con su padre", según confesó Del Santo años después en una entrevista.


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La mañana siguiente a este día tan maravilloso, Eric había quedado en ir a buscar a Lory y Conor al apartamento de la calle 57 de Manhattan, donde se hospedaban, para llevarlos al zoológico de Central Park. "Conor jugaba con la niñera mientras yo me preparaba para ir al zoológico. Eran las 11 de la mañana. Le grité desde el baño para que se diera prisa y él me dijo que estaría listo en un minuto", recuerda Lory. El conserje del edificio estaba limpiando los ventanales del apartamento y Lory pidió a la niñera que no perdiera de vista al niño, que estaba jugando al escondite y correteando. La niñera, que jugaba a perseguir al niño, se paró en seco cuando el conserje le advirtió que había abierto el ventanal de una de las habitaciones para limpiarlo. Conor seguía jugando al escondite con la niñera y corrió hacia el mejor lugar para que no lo encontrasen, justo detrás de la cortina del ventanal que, sin él sospecharlo,  estaba abierto. "Escuché un grito desgarrador que no era de Conor. Era la niñera. Corrí a la habitación gritando de forma histérica: '¿Dónde está Conor, ¿dónde está Conor?'. Entonces vi la ventana abierta y comprendí lo que acababa de ocurrir. Sentí que me quedaba sin fuerza y me desmayé", cuenta Lory.


Conor Clapton, de solo cinco añitos, cayó por la ventana de un piso 53 muriendo en el acto.


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Edificio donde sucedió la tragedia


Este duro golpe, lejos de hundir a Clapton de nuevo en las drogas y el alcohol, fue su tabla de salvación; el deseo de honrar a su hijo lo salvó. Nueve meses después de que Conor muriera compuso Tears in Heaven (lágrimas en el cielo) que fue a la postre uno de los éxitos más grandes de la carrera de Eric Clapton, proporcionándole tres premios Grammy en 1993 y quedando como un clásico inmortal.  Esta canción ayudó al artista a lidiar con el dolor y a superar lo ocurrido. Unos días después del funeral, estando ya en su hogar de Londres, un Clapton destrozado y roto por el dolor empezó a ojear las miles de cartas que había recibido de condolencia, pero entre ellas le llamo la atención una en concreto de la que conocía la letra. Era una que su hijo Conor le había enviado unas semanas antes de visitarlo en Nueva York, mientras estaba en Milán con su madre en la que le decía: ‘Te quiero, quiero volver a verte. Un beso’. “Cogí una guitarra española y durante meses la toqué y toqué para intentar afrontar la situación. La música me salvó, se llevó el dolor...". Pocos artistas han logrado dar en una canción un relato tan vivo y conmovedor de su propia experiencia del luto. 

Esta preciosa canción con una tristísima historia tras ella es la que da comienzo a la nueva temporada de La Sinfonola. Os la dejo traducida para que comprobéis por vostr@s mismos que es, sin duda, una de las composiciones más emotivas que se ha escrito jamás.


Ser felices SINFONOLERS!!!





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