El PRESO EXTRAVIADO- JUBERA 1861

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Hacia mediados del siglo XIX, la legislación española se llena de leyes para modernizar el precario sistema penitenciario español. De alguna manera, se trata de “humanizar” las duras condiciones de los presos.

Para entender la historia que trataremos a continuación, nos dirigiremos primeramente al artículo 3 de las leyes de prisiones aprobadas el 26 de julio de 1849, donde leemos: “Las prisiones estarán a cargo de sus alcaides (carceleros), bajo la autoridad inmediata de los alcaldes y los jefes políticos”. En los pueblos pequeños, generalmente el alcalde asumía las funciones en ausencia del alcaide. Los traslados de presos requerían mucha logística y etapas. Personaje fundamental en dichos traslados era la figura del bagajero. Persona que conduce personas o cosas de un sitio a otro, especialmente relacionado con el traslado de pertrechos militares y presos. Teniendo en cuenta lo antes citado, vamos con la historia que empieza con la llegada a Arcos de un preso el 29 de julio de 1861, procedente de Barcelona y con destino a Madrid, conducido por la Guardia Civil.

Al día siguiente, al no haber bagajero, no se puede continuar el viaje. Así, los guardias que habían traído al preso hasta Arcos, recibieron la orden de volver a su cuartel de origen. Al final se encuentra bagajero, pero faltaban los guardias que, como dijimos, habían marchado. Pero el alcalde de Arcos, D. Juan del Molino, para no retrasar el traslado, decide que sea el bagajero el que lo conduzca hasta Somaén, la siguiente escala del viaje. El pobre preso era un hombre de edad y con dificultad de movimientos. Así, el edil de Arcos dio luz verde al traslado viendo la calamitosa situación del preso y que no valía la pena esperar la llegada de nuevos guardias.

Al llegar a Somaén, el bagajero entrega el preso al secretario del ayuntamiento del pueblo, junto con el pliego cerrado dirigido al Gobernador de Madrid, donde probablemente aparecen los datos, delitos y cargos del preso. El alcalde de Somaén no estaba, por lo que el secretario asume su función.

La historia sigue de la siguiente forma y manera: “Que buscando un nuevo bagajero en Somaén, la mujer del alguacil le entregó el preso y el pliego para continuar viaje a Jubera; más el bagajero dio el pliego al preso". Así, pasó lo que tenía que pasar. Llegados a Jubera, el regidor del pueblo (el alcalde tampoco estaba), sin la Guardia Civil y sin la documentación que obviamente el preso había “perdido”, al regidor no le quedaba otra que esgrimir un lacónico “se puede usted marchar”. Hay que añadir la versión que dieran bagajero y preso, que desconocemos, pero bien pudiera ser algo así como "nos encontramos y nos tomamos unos vinos en la taberna de Somaén".

Cuando las autoridades llegan a saber que se ha “extraviado" un preso entre Arcos y Medinaceli, se acuerdan del artículo tres que mencionábamos al principio. En ausencia de los alcaldes de Jubera y Somaén, se carga el muerto el alcalde de Arcos.  El juez de Medinaceli pide abrir diligencias contra el alcalde de Arcos. Pero al final no se abre proceso, argumentando que el edil arcobrigense no tiene jurisdicción sobre lo acontecido en Jubera. La responsabilidad del alcalde de Arcos terminaba, según el escrito en Somaén.

Semejante galimatías merece un repaso somero de los acontecimientos El alcalde de Arcos emite un traslado de preso sin la presencia de la Guardia Civil. Así, un bagajero se hace cargo del traslado. Llegados a Somaén y en ausencia del alcalde, interviene la mujer del alguacil que finalmente entrega preso y documentación. Vamos, que aquí firmaba el primero que llegaba. ¿Que no está el alcalde?, pues que firme el panadero. El nuevo bagajero entrega el pliego al preso. Llegados a Jubera, falta Guardia Civil y pliego. Pasado Jubera, ni Guardia Civil, ni preso, ni bagajero, ni pliego. Así, utilizando un símil cinematográfico: “Houston tenemos un problema”, el gobernador debió pensar: "Menudo galimatías tenemos en el Alto Jalón".

Semejante episodio tuvo repercusión nacional, apareció en el Boletín de Santander y Segovia, y seguro que en otros medios. Vamos,  de traca y pandereta.

Hemos de decir que tanto el alcalde de Arcos, Somaén y Jubera están presentes en varios delitos, como el apedreamiento por parte de Josefa Heredia de Jubera del sobrestante del ferrocarril, no llevar cédula de vecindad, y el lanzamiento de los volquetes de la vía al Jalón, por citar algunos ejemplos. Cuando las circunstancias lo permitían, los alcaldes estaban.

No sabemos cómo terminó la historia, pero tampoco es importante, pues las fugas eran bastante corrientes. Con semejante cadena de custodia, era de esperar, como hemos visto, que el preso se “extraviara”. Del preso nunca más se supo, pero ya lo decía Perales… “Y se marchó… y a su barco le llamó libertad” ….

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