EL YACIMIENTO DE ARCÓBRIGA

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La semana pasada 'paseamos' la vida de pueblo dando una vuelta por la comarca con nuestras botas puestas. El castillo de Jubera nos deparó sorpresas pudiendo, por ejemplo, entrar a su aljibe entre las miradas de corzos temerosos que salían al galope nada más que uno respirase. La llamada a Jesús del Barrio, que vive en el pueblo de Jubera, habría sido fuente de información y transmisión oral de leyendas. Resulta que en la senda, que fuera Camino Real, que nos lleva hasta el castillo, una fuente tiene historia de asesinatos y fantasmas. La fuente Chocolatera se llama así por un atraco violento en los caminos de las afueras de Jubera. Un pobre chocolatero fue asesinado por bandoleros de la carretera. Desde entonces, algún juberano todavía dice ver el fantasma del chocolatero lavándose en el agua de la charca.

Esta semana volvemos, por los mismos caminos viejos que cruzan nuestra comarca, a visitar tesoros nuestros, esos que conocemos todos y en los que nadie nunca repara. En un cruce de caminos, típico de la Raya, se erige una ciudad celtíbera que luego fuera romana. No me perderé en detalles arqueológicos ni en fechas, pero os voy a contar la historia de una visita que nos invita a gritar, a cualquiera que quiera oírnos, que Arcóbriga necesita atención urgente. Todo esto nos espera porque hoy #MePongoLasBotas para visitar Arcóbriga y nos la va a enseñar Alberto Gonzalo, director de excavación del yacimiento, el cual conoce como si hubiera vivido en él durante la historia de los tiempos.

Al llegar al desvío de Monreal de Ariza, después de la visita obligada al Puerta de Castilla y Aragón, en el café que nos tomamos con Óscar nos dice: -"Este yacimiento es el mejor, mejor que Numancia. La pena es que no le hagan el caso que hace falta"-. Y seguramente tiene razón, pero por no juzgar, lo que diré es que no hay ni una señal que indique lo que nos espera. Ni en la autovía, ni en la carretera de la que sale el camino paralelo a las vías por el que se llega a Arcóbriga. Ni un triste letrero que nos diga "está usted cerca de un importante yacimiento, entre y eche un vistazo que merece la pena".


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Ruinas de la torre de vigilancia del asentamiento celtíbero de Arcóbriga.


Nada más llegar, Albeto Gonzalo nos enseña -"mirad ahí en frente, aquello era un campamento Romano que asedió a la ciudad celtíbera"-. Empieza apasionante la visita y estamos deseando ver las termas, pero Alberto, muy hábil, guarda para el final la perla. Entonces, volvemos la mirada hacia el montículo de piedra y tierra que se erige como diciendo "si no eres amigo, date la vuelta". La torre principal de defensa de la ciudad estaba protegida por un foso, que aunque ahora se levanta dos metros por haberse llenado de tierra, todavía el paso del tiempo no ha borrado del todo su huella. Nos adentramos con permiso de los vigías a las calles de Arcóbriga, una ciudad que tenía palacio de justicia, casas ricas y más modestas y hasta un anfiteatro que todavía guarda cierta estética de auditorio de su época. Para ojos de un neófito podrían parecer piedras, pero entre todo lo que vemos y las explicaciones de Alberto, los muros se levantan y visionamos cómo eran.

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Seguimos andando por el tiempo desde la ciudad celtíbera y, bajando unas escaleras, llegamos a la ciudad romana que se adivina divida en dos, según los periodos del imperio en que se crean y donde las calles de antes, ahora son montones de tierra. Es curioso este dato que Alberto nos desvela: -"Esta parte del yacimiento está en 'negativo'"-. Las calles están levantadas por montones de tierra a causa de las excavaciones del Marqués de Cerralbo quien, para el que no lo sepa, excavó por primera vez el yacimiento. -"La tierra de las excavaciones la echaban sobre las calles y por eso están levantadas por encima de las casas"-, nos aclara Alberto Gonzalo, que nos lleva, de lado a lado, enseñándonos habitaciones, tiendas, tabernas... y dejando para el final lo más preciado, las termas.



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Y por fin llegamos. Solo con mis palabras y alguna foto, es una pena relataros todo lo que Alberto Gonzalo nos enseña. Pero antes bajamos por una senda complicada y no apta para todas las piernas. -"Con dinero lo arreglamos"-, nos dice Alberto tras nuestras quejas. 

Las termas de Arcóbriga las hicieron los romanos con una tecnología y una sabiduría que no nos imaginábamos. Tienen tres estancias; una fría, una templada y una caliente; con sus nombres en latín; frigidarium, tepidarium y caldarium. Contaban con un sistema de calefacción bajo el suelo, con canalizaciones excavadas en la tierra y tecnología de acumulación de calor, como los radiadores eléctricos de nuestra era, que les permitía un ahorro de un 30% en el consumo de la caldera. Conservaban el calor durante la noche con placas enormes de hierro y preservaban así también la piedra de rupturas por las heladas, tan habituales en los inviernos del Alto Jalón. Se conservan mejor que muchas que tienen 'nombre' y visitas por castigo, y eso que a la intemperie y sin fondo o subvención, se están destruyendo poco a poco, además de que hasta el más 'pintón' se ha llevado alguna piedra. Mejor que venir al expolio, que ya bastante se le ha robado a esta pobre ciudad vieja, es venir buscando inspiración. Seguro que quien venga la encuentra. Este enclave resulta provocador, aunque solo sea por divisar, desde lo alto, la ribera del Jalón. Sorprende ver tanta tierra dedicada al secano en una vega con tanto vigor, pero bonito está 'un rato'.


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Termas romanas de Arcóbriga


En el camino de vuelta, previo a la comida en el Puerta de Castilla y Aragón, pienso entre bache y socavón, que es una pena que esto se pierda. Si no pone alguien aquí el foco desaparecerá el legado y también un posible negocio en el que contratar a guías con salero que te hagan revivir, un poco, lo que celtíberos y romanos aquí hicieron. Echando humo por la cabeza llego a la conclusión de que yo habría pagado por una excursión como esta. Claro, con un guía. Por supuesto, con un acceso que permita que acercarse al yacimiento a quien quiera y no haya que venir con 4x4 o andar dos kilómetros por un camino que, como hace unos días ha llovido, en algunos tramos es más barro que tierra. A alguien podría pasarle por la cabeza formarse y ofrecer rutas por el Alto Jalón. Incluir esta podría resultar rentable, pero a ver cómo te traes a cualquiera para que tenga un resbalón y se te mate. Y desde luego, si alguien viene solo, verá carteles y señales, pero los verá en blanco pues el tiempo y los vándalos los han dejado sin leyendas. En el colegio, con diez años, nos enseñaron Numancia. Del yacimiento de nuestra comarca a penas he sido conocedor hasta mis casi cuarenta. Pero es normal que esto pase, pues como tanto en nuestra tierra, carece de las condiciones para recibir visita y riqueza. Necesitamos inversiones para que la iniciativa privada se atreva si puede contar con las condiciones necesarias para "liarse la manta a la cabeza".


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La semana que viene nos volveremos a poner las botas para caminar por el Alto Jalón y buscaremos otro rincón con el que seguir descubriendo nuestra tierra. ¿Nos propones el siguiente paso? ¿Quieres que sea el siguiente tu pueblo, sus monumentos o alguna de sus leyendas? Hasta la semana que viene. Gracias por seguir nuestra senda.

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Fran
POR
Fran Álvarez,
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Como devorados por un monstruo consumista, el "usar y tirar" nos ha ido comiendo terreno y el planeta ahora nos pide una tregua. Está gritando la Tierra por un retorno del hombre a la vida rural y desde aquí, con los brazos abiertos, pedimos que se pongan los mimbres para que ese retorno sea efectivo, ordenado, sostenible y duradero. Y mientras pedimos, hacemos. (leer más)

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